9 de octubre de 2016

Coleccionista

Soy la coleccionista de motos que me fueron vendiendo noche tras noche, y día tras día. Esa chica que ya no tiene espacio para más cuentos inventados por caballeros con gran imaginación. No se dan cuenta que he crecido, que me voy haciendo mayor y que ya no soy esa niña a la que le leían un cuento antes de irse a dormir. Ya no. Ya no es válida cualquier historia con un bonito final feliz que nunca se cumple. Porque si, imaginación mucha pero pocos hechos. Y así nos va. Solos cada uno por un lado, una noche más. Yo aquí tumbada sin mi cuento hecho realidad, y tú allá volviéndote a reinventar para buscar otra manera de conquistar y llevarme en tu moto. Otra más. Y sigue sin haber alguien que quiera poner fin a mi colección y que solo quede como una colección de coleccionista de afición y que estén todas las motos empolvándose en algún garaje de algún rincón de esta ciudad en la que podríamos perdernos en alguna moto que nos vendieron a los dos para escaparnos, y formar un nosotros, esta vez si que si con un final que no termina, pero que refleja un final feliz. 

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